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martes, 16 de octubre de 2012

Malala, Amanda y millones de mujeres


¡Viva la diferencia!

Publicado en El Deber y Revista PiedraLibre

Gabriela Ichaso Elcuaz


Estos días de octubre, han saltado a la pantalla global -en seguidilla- “asuntos de mujeres” que contrastan las desigualdades y la situación de precariedad en que viven, sea en el Islam del Medio Oriente o en Canadá, la panacea del primer mundo.

Malala Yusufzai, paquistaní, 14 años, quiere estudiar, no que la casen. Hoy pelea por su vida, baleada por el talibán que justifica que “la sharia debe morir por la sharia”.  Malala es una de los millones de mujeres que aún "se deben" al marido o a la casa, invisibles a los ojos de quienes somos libres. 70 millones de mujeres están casadas antes de los 18 años en el mundo. Malala, entrevistada en los medios occidentales por su clamor a través de su blog, dijo meses atrás: "Tengo derecho a una educación. Tengo derecho a jugar. Tengo derecho a cantar. Tengo derecho a ir al supermercado. Tengo derecho a hablar".



Amanda Todd tenía 15 años y fue víctima de acoso escolar durante tres. Un pedófilo la contactó a los doce años, la obligó a fotografiar sus senos y la chantajeó “armándole” una página en Facebook, lo que fue insuficiente, ya que la obligó a exhibirse, prometiéndole devolverle la foto. Luego de ser objeto de burlas, comentarios públicos y marginación de sus compañeros de escuela, ella creyó en un muchacho quien, después, junto a su novia y otras personas la golpearon en la puerta de la tercera escuela a la que huía, tratando de dejar atrás el horror. Su historia la contó ella misma en un video donde no dice una sola palabra sino que sus manos, impotentes, van pasando tarjetitas durante nueve minutos, escritas de su puño y letra. Ayer, luego de poner su video en internet, se suicidó en su casa en Port Coquitlam, Columbia británica, Canadá.



En Bolivia, de otros modos, las niñas no viven libres. ¿Cuántos cientos de miles de mujeres están en la soledad del campo, de la montaña, del hacinamiento urbano, sin el fanatismo talibán de por medio, condenadas a no llegar al colegio porque las obligan a cuidar a los hermanos, a cocinar, a lavar, a arar la tierra u otros quehaceres, incluso incestuosos, abusadas al quitárseles el derecho a ser ellas mismas? ¿Quién sabe de las vidas de las miles de niñas, adolescentes y mujeres bolivianas que por vergüenza, por temor, por terror, por verse acorraladas en un mundo que no las toma en cuenta ni en serio, donde su pedido de compasión, auxilio o defensa es poco menos que invisible, ridiculizado, minimizado, amenazado?

En el día de la Mujer Boliviana, el mejor homenaje ha sido la declaratoria mundial del 11 de octubre, Día de la Niña. A ver si así comenzamos a dejar de hacernos los ciegos con la trata de personas, la prostitución infantil, la pedofilia, el estupro, la violación, el acoso escolar y en cualquier sitio, el aborto clandestino, el embarazo no deseado, la agresión física y mental a las hijas de la humanidad.  Porque sólo tendrá motivos para festejar aquella si está libre de maltrato:  hay siete de cada diez mujeres a las que de algún modo la toca la violencia.

Mucho antes de hablar de la “descolonización”, empecemos a decir y actuar por la “descosificación” de las mujeres: las de todas partes del mundo.  Desde nuestra propia casa, donde ni siquiera sabemos que quien nos ayuda tiene cumpleaños, sentimientos y vida propia; desde la escuela, donde ser mujer no pasa por la ropa, ser popular o ajustada a las medidas de la moda; desde donde estemos y por donde vayamos, respetemos y hagamos respetar el derecho humano y ciudadano, a ser mujer.



Gabriela Ichaso es directora de Idearia, taller de ideas positivas en comunicación y educación | Twitter / gabitadelsur