martes, 27 de noviembre de 2012

Código de Urbanismo sin códigos de ciudad


¡Viva la diferencia!

Publicado en El Deber y Revista Piedra Libre

Gabriela Ichaso Elcuaz


El único código que parecemos reconocer es el de barras, cuyo lector –además- es electrónico y está en las cajas de muchos comercios, que así registran sus inventarios y la cuenta que nos toca pagar. Lo que dice el código de barras en la pantalla que lo traduce, lo pagamos sin chistar o nos quedamos sin el producto que fuimos a buscar.

Hace doce años que venimos reclamando un Código de Urbanismo y Obras adecuado a la realidad y proyectado al futuro de esta ciudad que no para de crecer.  Lo ideal hubiera sido un Código de Urbanidad pero bueno, al fin desempolvaron el mamotreto y estos días el Gobierno Municipal abrió el debate para actualizarlo, pulirlo, aprobarlo y ponerlo en práctica.

Ponerlo en práctica. Esa es la cuestión. Si cada uno nos hiciéramos responsables, la ciudad cambiaría a parecerse más a lo que quisiéramos. El problema está en que somos buenos para apuntar con dedo acusador al Gobierno Municipal (en este caso) o a quien esté al frente, con tal de no asumir las reglas y cumplirlas para dar ejemplo con la práctica. Mucho se habla de educación ciudadana y pregunto si los que fuimos alguna vez a la escuela no aprendimos que las reglas se cumplen o se mejoran para cumplirlas: si no lo aprendimos, bienvenidos al mundo real y dejémonos de hipocresías con quienes van a la escuela ahora.

Sólo mirar el estado catastrófico como están dejando las pocas aceras que había, alamedas, vías públicas, las empresas constructoras que entierran cañerías de YPFB, que entierran cables de CRE o de semáforos del Gobierno Municipal, que usan las veredas como obrador de edificios y casas privadas, que amplían avenidas, deshacen rotondas y construyen canales: todas, sin excepción, tienen ingenieros (una profesión de mérito académico superior) y arquitectos, que daría vergüenza que reclamaran “educación ciudadana” para aprender lo que les enseñaron en cualquier universidad (ni les digo, los que se formaron en el exterior): seguridad, señalización, respeto a la vía pública y su correcta terminación, iluminación nocturna, etc. Los profesionales deberían dar ejemplo de ejercitar y aplicar el código de ética que juraron cumplir al recibir su título, empezando con las empresas donde trabajan, siguiendo con las instituciones o personas que los contratan, dando cátedra de urbanismo y urbanidad.

Los vecinos y las vecinas de la ciudad somos tan poca cosa (como sus propios hijos y su familia) que no merecemos un cartel de obra en la vía pública, barandas en los cruces improvisados, señales de advertencia dignas.  Somos tan poca cosa que abren nuestros espacios públicos para obras de su incumbencia (seguramente para dar un mejor servicio a todos), por las cuales les pagan y les da igual la desprolijidad con que las dejan o si la lluvia convierte en pozancones las perforaciones descubiertas o mal rellenadas y apisonadas.

El primer código del ser humano es respetar la vida (la propia) y la del otro ser humano. Primero está la persona: la que trabaja en medio del tráfico con apenas un cono fosforescente como protección o en las alturas sin andamio seguro, la que no sabe que un pozo quedó abierto porque a las seis el obrero se fue, la que no sabe por dónde caminar porque no tiene por dónde.

Primero está la urbanidad, la calidad de vida en la ciudad, que el urbanismo, las cosas de la ciudad.


Directora de Idearia, comunicación y educación | Twitter / gabitadelsur

martes, 20 de noviembre de 2012

Censo Bolivia 2012: Fijate que tu respuesta 29 quede marcada así

Si sos boliviano/a con padre o madre migrantes (o abuelas, abuelos, bisabuelos, bisabuelas, tatarabuelos, tatarabuelas) de cualquier parte del mundo, sea Europa, Africa, Asia, América del Norte, Central o América del Sur, cuando el empadronador o la empadronadora lleguen a la pregunta 29, te preguntará:

Como boliviano o boliviana ¿pertenece a alguna nación o pueblo indígena originario campesino o afro boliviano?

Luego esperará en silencio tu respuesta.

Contestá:  No, no pertenezco.

Y fijate que quede marcada tu respuesta así:



lunes, 12 de noviembre de 2012

Hagamos del Censo un éxito



¡Viva la diferencia!
 Publicado en El Deber y Revista Piedra Libre
Gabriela Ichaso Elcuaz (*)

El Censo Bolivia 2012 es una foto y una radiografía de quienes somos y cómo vivimos: foto porque sólo salen los que están (aunque algún pariente esté ausente) y una radiografía porque mostramos dónde vivimos, qué nos falta, cómo somos.

Debiera ser una responsabilidad personal participar pero como la cultura ciudadana parece no funcionar si no se nos obliga, la orden del Estado ha sido quedarse en casa a esperar que llegue el empadronador (o empadronadora) y hasta el final de la jornada.

¿Para qué sirve el Censo? Para todo. Antes de hablar de cualquier política pública o estudio de mercado, de hacer análisis críticos de la realidad y de estudiarnos, es imprescindible tener datos ciertos, información actual. Cualquier acción realizada sobre proyecciones con datos de hace 10 años, son supuestos e inductores de error.

Con los datos del Censo, los diferentes niveles de Gobierno podrán coordinar planes sociales de vivienda, hoy en manos de especuladores de la tierra; coordinar la dotación de agua potable, alcantarillado, cámaras sépticas y baños; cuantificar y planificar la necesidad de generación de energía eléctrica y solar; la dotación de gas domiciliario; establecer y planificar la eliminación del hacinamiento, una de las causas mayores de violencia contra la infancia; intervenir en la educación para la eliminación de basura y en la búsqueda de su destino final más adecuado; conocer los medios de información y comunicación a través de los cuales conocemos y nos contactamos; establecer políticas de transporte público, según nuestro modo de movilizarnos, y de organizar el transporte privado; transparentar nuestro acceso a la vivienda propia o arrendada.

La emigración es también un tema fundamental. La última década la movilidad urbana y los movimientos migratorios han sufrido éxodos y retornos aún desconocidos. Sabemos que millones de bolivianos viven fuera del país pero no tenemos certeza cuántos ni exactamente dónde están para pensar en políticas de atención a las familias divididas por el alejamiento, condiciones para volver, destino de las remesas que llegan al país ya con un volumen importantísimo en los ingresos nacionales.

Las personas con alguna dificultad son un tema central en este Censo Bolivia 2012. Los avances en ciencias sociales y neurobiológicas en el mundo nos han permitido conocer que el número de personas con capacidades diferentes es abrumadoramente creciente: ningún país puede continuar ciego a esa realidad y las políticas públicas en todos los niveles de Gobierno debe integrar a estas mal llamadas minorías, lo que exige un cambio en los diseños, estudios y sistemas “planos” dirigidos a personas “comunes”, mal llamadas también, normales.  Usar lentes, audífonos, tener dificultad para subir y descender gradas o moverse con silla de ruedas, “burrito”, bastón; olvidarse o desconcentrarse involuntariamente, hablar en diferentes idiomas, con alguna dificultad o por señas, no oir, no ver, estar afectado por síndromes de por vida o por enfermedades que disminuyen algunas capacidades, debe ser visto desde el diseño y construcción de obras públicas y privadas, la educación formal pública y privada, la venta de alimentos expresamente etiquetados, la transformación del transporte público y demás servicios aptos para todos, etc.

La organización de la familia, desde el punto de vista político, social y económico también es hora de que sepamos cómo funciona. Quién es jefe o jefa de hogar y cuál es su relación con el resto de los integrantes, a qué servicios de salud accede, de dónde viene y qué idioma habla, dónde vive, qué y cuánto estudió, trabaja o no, en qué se ocupa, estado civil, hijos nacidos, fallecidos y ausentes.

Es importante el Censo, claro que sí. Y mucho más importante, que su interpretación genere las correcciones de un sistema político, social y económico, muy cruel con quienes no toma en cuenta.

(*) Directora de Idearia, comunicación y educación pública. Twitter/gabitadelsur