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martes, 11 de septiembre de 2012

La ciudad somos todos


| ¡Viva la Diferencia! | Gabriela Ichaso Elcuaz (*)


Muchas cosas han cambiado, como en todas las épocas de la historia de la humanidad. Ni peores ni mejores, simplemente son distintas y propias de los pueblos y sus desplazamientos:  la urbanización del territorio, la migración de la pobreza rural y de otras pobrezas urbanas a la gran ciudad, la concentración del dinero en pocas manos, la megaciudad convertida en mercado de clientes –desde chucherías hasta servicios públicos y privados- para consumistas, la transformación de la metrópoli en sede de sueños, oportunidades, problemas y delitos; la informalidad en creciente e imparable forma de subsistencia de los más pobres y, también, de modus operandi de amasadores de fortunas encubiertas.

Ya no podemos decir que nuestra ciudad es diferente. ¡Cada día nos vamos pareciendo más a cualquier gran ciudad latinoamericana en desarrollo! Claro, tenemos nuestras particularidades culturales: seguimos creyendo que Santa Cruz es nuestro canchón, que la moda nos hace modernos y nos mantiene vigentes en nuestros círculos sociales y que si pagamos (impuestos, tasas, cuotas, expensas, mensualidades, etc.) los problemas nos los sacamos de encima y tenemos, además, la objeción de conciencia para echarle la culpa a otro, mejor si es autoridad. Las urbanizaciones cerradas, condominios, torres y edificios, que proliferan sin planificación alguna, sin respeto a los barrios abiertos de viviendas familiares y sin áreas suficientes para garantizar la valía del espacio público ni la previsión de servicios como salud, educación, recreación, esparcimiento, seguridad; la ansiedad por tener el vehículo más ancho, más alto, más grande o varios para la misma familia; la especulación inmobiliaria sin límites; la reverencia materialista a los nuevos ídolos del consumo masivo, que avasalla niños, jóvenes, paisaje urbano, aceras, cuanto lugar sea propicio para instalarse arbitrariamente en forma de ingestión desde las góndolas y estanterías o en forma de ostentación desde las vidrieras o los escaparates, han contribuido, entre muchas más, a que las razones de la gran ciudad desplacen a los motivos que nos convertían en buenos vecinos.

La ilimitada ambición privada de acumular cosas innecesarias para el verdadero sentido de la vida personal del ser humano y de su comunidad ha constituido el modelo social impuesto por el modelo económico en Santa Cruz de la Sierra. Como en todas las grandes ciudades, somos responsables de la disminución de la calidad de vida que dejamos como herencia a nuestros hijos y para mantenerla, siempre que no acabe el sol, el agua, el aire, los tenemos incorporados a la máquina de producir más dinero, para tener más cosas que les permitan destacarse en esa competencia insaciable hacia el suicidio colectivo.

Por eso no alcanzan las calles, ni las avenidas para circular ni las plazas para estacionarse sin que a nadie le importe; hay que tirarse rotondas y construir más moles de celdas familiares y “malls” de consumistas desesperados por comprar lo que no necesitan; no alcanzan los camiones para recoger basura que no lo es pero que como la luz encendida todo el día, se pagan para que nos den el servicio; no hay hospitales ni centros de salud que alcancen porque las filas de personas, en muchísimos casos, enfermas de la pésima calidad de vida que tenemos, son insuficientes.

Echarle la culpa a las autoridades es parte indispensable para completar el círculo. Y creo que hay mucha razón porque lo de la educación ciudadana suena bonito pero precisamos un paco al lado para que nos recuerde que entre los derechos que tenemos y los deberes que nos obligan, están las responsabilidades, que las sabemos muy bien y no parecemos dispuestos a asumirlas: desde enseñar con el ejemplo a nuestros niños hasta denunciar al que, sumado a la onda expansiva de modernidad destructiva, quiere arrasar con las alamedas del Primer Anillo para construir la ridícula (hasta en el nombre) Vía Camba que le dé más celeridad a la estampida de vehículos que no dejamos de comprar y amontonar.

(*) Directora de Idearia, comunicación y educación | twitter.com/gabitadelsur