| ¡Viva la Diferencia! | Gabriela Ichaso Elcuaz (*)
Muchas
cosas han cambiado, como en todas las épocas de la historia de la humanidad. Ni
peores ni mejores, simplemente son distintas y propias de los pueblos y sus
desplazamientos: la urbanización del
territorio, la migración de la pobreza rural y de otras pobrezas urbanas a la
gran ciudad, la concentración del dinero en pocas manos, la megaciudad
convertida en mercado de clientes –desde chucherías hasta servicios públicos y
privados- para consumistas, la transformación de la metrópoli en sede de
sueños, oportunidades, problemas y delitos; la informalidad en creciente e
imparable forma de subsistencia de los más pobres y, también, de modus operandi de amasadores de fortunas
encubiertas.
Ya no
podemos decir que nuestra ciudad es diferente. ¡Cada día nos vamos pareciendo
más a cualquier gran ciudad latinoamericana en desarrollo! Claro, tenemos
nuestras particularidades culturales: seguimos creyendo que Santa Cruz es
nuestro canchón, que la moda nos hace modernos y nos mantiene vigentes en
nuestros círculos sociales y que si pagamos (impuestos, tasas, cuotas,
expensas, mensualidades, etc.) los problemas nos los sacamos de encima y
tenemos, además, la objeción de conciencia para echarle la culpa a otro, mejor
si es autoridad. Las urbanizaciones cerradas, condominios, torres y edificios,
que proliferan sin planificación alguna, sin respeto a los barrios abiertos de
viviendas familiares y sin áreas suficientes para garantizar la valía del
espacio público ni la previsión de servicios como salud, educación, recreación,
esparcimiento, seguridad; la ansiedad por tener el vehículo más ancho, más
alto, más grande o varios para la misma familia; la especulación inmobiliaria
sin límites; la reverencia materialista a los nuevos ídolos del consumo masivo,
que avasalla niños, jóvenes, paisaje urbano, aceras, cuanto lugar sea propicio
para instalarse arbitrariamente en forma de ingestión desde las góndolas y
estanterías o en forma de ostentación desde las vidrieras o los escaparates, han
contribuido, entre muchas más, a que las razones de la gran ciudad desplacen a
los motivos que nos convertían en buenos vecinos.
La
ilimitada ambición privada de acumular cosas innecesarias para el verdadero
sentido de la vida personal del ser humano y de su comunidad ha constituido el
modelo social impuesto por el modelo económico en Santa Cruz de la Sierra. Como
en todas las grandes ciudades, somos responsables de la disminución de la calidad
de vida que dejamos como herencia a nuestros hijos y para mantenerla, siempre
que no acabe el sol, el agua, el aire, los tenemos incorporados a la máquina de
producir más dinero, para tener más cosas que les permitan destacarse en esa
competencia insaciable hacia el suicidio colectivo.
Por eso
no alcanzan las calles, ni las avenidas para circular ni las plazas para
estacionarse sin que a nadie le importe; hay que tirarse rotondas y construir
más moles de celdas familiares y “malls” de consumistas desesperados por
comprar lo que no necesitan; no alcanzan los camiones para recoger basura que
no lo es pero que como la luz encendida todo el día, se pagan para que nos den
el servicio; no hay hospitales ni centros de salud que alcancen porque las
filas de personas, en muchísimos casos, enfermas de la pésima calidad de vida
que tenemos, son insuficientes.
Echarle
la culpa a las autoridades es parte indispensable para completar el círculo. Y
creo que hay mucha razón porque lo de la educación ciudadana suena bonito pero
precisamos un paco al lado para que nos recuerde que entre los derechos que
tenemos y los deberes que nos obligan, están las responsabilidades, que las
sabemos muy bien y no parecemos dispuestos a asumirlas: desde enseñar con el
ejemplo a nuestros niños hasta denunciar al que, sumado a la onda expansiva de
modernidad destructiva, quiere arrasar con las alamedas del Primer Anillo para
construir la ridícula (hasta en el nombre) Vía Camba que le dé más celeridad a
la estampida de vehículos que no dejamos de comprar y amontonar.
(*) Directora de Idearia, comunicación y educación | twitter.com/gabitadelsur

