¡Viva la diferencia!
Gabriela Ichaso | Editorial de PiedraLibre 91 y artículo semanal de El Deber
En este mundo tan previsible y
apurado para lo negativo, lo malo, la descalificación ligera y la desconfianza
antelada, no terminábamos de dudar de las razones de Benedicto XVI para abdicar
o desertar como Papa y jefe de Estado, cuando la sorpresa de la abrumadora
elección del Obispo de Buenos Aires como nuevo líder de la Iglesia Católica,
nos conmovió hasta el tuétano.
Removió la infancia del catecismo militante
en la Parroquia Nuestra Señora del Valle, la Virgen morena en la ciudad de La
Plata, donde las adolescentes catequistas lucían el crucifijo de plata en el
pecho y la palabra de Jesús en los labios, enseñándonos a cantar los domingos
con guitarra y bombo, a caminar compartiendo el micro, la merienda, el estudio,
la pobreza como forma maravillosa de vida, fundada en el saber, en el trabajo y
en la familia. Eran años revueltos, en
los que el pueblo argentino vivió el infierno y la militancia de ser clase
media estudiosa y comprometida fue arrastrada a la peor tortura por el delito
de pensar y querer cambiar el mundo, que asusta porque libera y los que tienen
miedo a perder sus privilegios, matan, hacen matar o dejan matar.
El Estado nos organiza para convivir
en libertad: la fe es parte de esa libertad y cada quien la practica según sus
creencias. Así, no comulgo con el Estado
Vaticano, ni con la estructura vertical, autoritaria y burócrata en que se
convirtió la Iglesia de Pedro, apóstol de la palabra y la obra de Cristo. Ni qué decir de los tribunales absurdos
católicos, como los de la prensa, la Policía, las Fuerzas Armadas, mal llamados
“especiales”, que encubren crímenes contra la humanidad, desde el libelo y la
calumnia hasta la pederastia, pasando por el abuso de poder y el terrorismo de
Estado.
La llegada de Francisco es una luz
en el fondo del túnel: la posibilidad de retomar y conducir por el mundo esos
valores cristianos de voto de pobreza, la sencillez, el perdón, la bondad, el
amor, tan pasados de moda o impostados, reñidos con la forma de vida que
llevamos. Una luz con alegría y con
esperanza.
¡Bienaventurado, Francisco, que
necesitábamos además de fe, quién la represente, la viva y la ejerza como uno
más de estas tierras! Aquí, en este país
te esperarán seguramente en la Ciudad de la Alegría, testimonio de la Iglesia
de los pobres, y las Misiones Jesuíticas, las únicas vivas de América, de donde
echaron tiempo atrás a los evangelizadores del verdadero fin del mundo!

