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miércoles, 23 de febrero de 2011

¡Sale este 26 de febrero! ¡Felicidades, Santa Cruz de la Sierra, en tus 450 años!

En este número...

"...Debieron transcurrir casi cuatro siglos para que la historia de soledades, carencias y bienestar paradisíacos de los cruceños fuera irrumpido por una nueva y extraordinaria traslación:  a la inversa, el país allende la Cordillera de los Andes, históricamente depredado por propios y extraños en las riquezas minerales que se llevaron para construir otros mundos, volcó sus ojos, su esperanza, en ElDorado cruceño, exento de oro, plata, estaño, salitre, lleno de ilusiones, humanos festivos y petróleo.

En los últimos 50 años, la aldea que durante cuatrocientos apenas había sobrepasado unos cientos de miles de cruceños, pronto alcanzará dos millones de almas.

¿Puede hablarse, como en 1561, de invasión o de conquista?  La realidad revela que Santa Cruz de la Sierra es la fuerza de trabajo con amor de su gente y que aquí hay lugar para todos. 

Nuestros códigos ancestrales y culturales se han traducido para la política como la lucha por autonomía para seguir viviendo como fuimos, como somos.  Dicho en cruceño, queremos 450 años más sin que nos manden.  Así nomás, no vamos a dejar de querernos..."


(fragmento de nuestro editorial en Revista PiedraLibre 58)

sábado, 29 de enero de 2011

El día que cruzamos el límite y jugamos a Dios




Lo que pasó no fue un terremoto, ni un volcán en erupción, ni un maremoto, ni siquiera una crecida del río:  se derrumbó -como cae un candado- un edificio de 10 pisos, enterró a 20 personas y tuvimos que pedir socorro a los que saben fuera del país, porque en la locomotora de Bolivia hay mucha plata para invertir en construcciones y para joda, pero ningún equipo profesionalmente capacitado, apoyado, equipado y entrenado para tamaña tragedia en una ciudad de 2 millones de habitantes.

No nos azotó el cambio climático ni nos devastó un fenómeno natural:  sin embargo, este 29 de enero de 2011, atrapados entre la improvisación, la negligencia, la soberbia y la ambición, cruzamos el límite y jugamos a Dios declarando muertos a seres humanos que ingresaron vivos a un edificio en construcción y no los vimos salir de entre sus ruinas.

¿Qué nos van a decir? ¿Hicimos lo que pudimos? ¿No pasa todos los días, fue una desgracia? ¿No sabía nada?

Irresponsables y corruptos por creernos muy astutos saltando normas para beneficio propio y cómplices de quien se presta a hacerse de la vista gorda a cambio de favores, somos casi todos; responsables de lo que algunos pronto calificaron como “lo que se venía venir”: pocos y tienen nombre y cargo. 

No hay salvación inventando nuevas normas si es que no dejamos de enterrar dinero en bienes materiales e invertimos en hacernos funcionar como ciudad y ciudadanos, así como sancionar y destituir a connivientes en trámites y acciones cuyo incumplimiento de requisitos conlleva la vida de uno mismo y de los demás:  desde las licencias de conducir a cualquiera, de funcionamiento de negocios sin emergencias ni sanitarios pasando por vehículos destrozados circulando con viñeta; obras sin carteles ni desvíos ni señas o abiertas a su uso sin concluir, manipulación de alimentos, espectáculos públicos, etc.

Es necesario honrar un compromiso:  nunca más.  Le pese a quien le pese.