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lunes, 3 de diciembre de 2012

La discapacidad de no tener corazón


¡Viva la diferencia!

Publicado en revista Piedra Libre y diario El Deber

Gabriela Ichaso Elcuaz

Entendamos primero el concepto de discapacidad como la inaccesibilidad de una persona a distintos niveles de la sociedad en la que vive, la cual le resta oportunidades, así descrita por la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, suscrita por el número más alto de signatarios en las Naciones Unidas, el 13 de diciembre de 2006.

Discapacidad, entonces, que no sea incapacidad nuestra además: los normales, incapacitados de aceptar, de no marginar, de no discriminar, de no juzgar como subnormal, a quien es diferente, a quien le falta algo que los demás tenemos, a quien le sobra algo que los demás envidiamos o desconocemos, a quien no comprende nuestras burlas, ironías y crueldades aprovechándonos de su inocencia, a quien no habla con la voz o no escucha o no lee chino, castellano, inglés o portugués pero sí los habla con el lenguaje de señas o el braille -lenguajes que no se nos ha ocurrido aprender como políglotas que nos creemos-, a quien no le interesa la moda, el protocolo, los horarios, las formas que inventó una sociedad que olvida que fuimos hechos para amar y ser amados y no para encasillarnos en estereotipos.

Leonardo Farfán, amigo con Asperger, dice que a la larga todos nos vamos volviendo discapacitados al ir envejeciendo.  En sus “Confesiones de un caracol”, nos desnuda su forma personal de ver el mundo. Lo recomiendo por sorprendente, fácil de leer y revelador. La ciencia ha intentado discernir en teorías de la mente, manifestaciones de personas distintas a las “social y políticamente correctas” que difieren en sus formas de relacionamiento, por ejemplo, y han sido marginadas de la escuela y de las amistades por la incapacidad de las personas “normales” de aceptarlas e integrarlas.

La ciudad, en viviendas, negocios y espacio público, debería prever la eliminación de las barreras arquitectónicas que obstaculizan uso y funcionamiento a personas que no ven, que no escuchan, que andan con bastón, silla de ruedas o cochechito, etc. Todas las escuelas deberían aceptar a toda persona capaz de aprender, de forma distinta, pero que requiere más capacidad del maestro en lugar de excluirla, sin darle oportunidad suficiente, a un centro especial.

Esta primera semana de adviento, creceríamos como seres humanos si reconocemos con la atención a un igual a las personas que aprendimos mal a sentirles lástima con una limosna, mirándolas por encima del hombro.

Idearia, comunicación y educación | Twitter / gabitadelsur



viernes, 3 de febrero de 2012

Censo Bolivia 2012: La pregunta 34