Este domingo de lluvia o la noche que tengás una hora de tiempo, te propongo que te preparés algo rico y te acomodés, sin interrupciones, para mirar esto que parece película y nos pasa: está pasando.
Comprar, tirar, comprar es un documental que deberíamos pedir como padres, abuelos y hermanos, que la escuela comparta en el aula, empiece el debate y la acción en consecuencia.
Baterías que se 'mueren' a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas... ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos?
La 2 de Televisión Española y RTVE.es emitio poco tiempo atrás "Comprar, tirar, comprar", un documental que nos revela el secreto: obsolescencia programada, el motor de la economía moderna.
Rodado en España, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, Comprar, tirar, comprar, hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios".
El documental, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, es el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente.
Para la industria, la obsolescencia planificada (obsolescencia programada) estimula positivamente la demanda, al influir en las decisiones de compra de los consumidores de una forma artificialmente acelerada, no obstante, también existe el riesgo de que surja una reacción adversa, como por ejemplo, el descubrimiento de un fabricante que invierta en el diseño de un producto para que este se vuelva obsoleto más rápidamente. ¿Consecuencias?. Los consumidores se cambian a la competencia basando su elección de compra en la durabilidad y la calidad del producto/servicio. No se trata, para nada, de algo novedoso. La obsolescencia planificada (obsolescencia programada) se desarrolló por primera vez entre los años 20 y 30 (siglo XX), momento en el que la producción en masa empezó a forjar un nuevo modelo de mercado, en el que un análisis detallado de cada parte del producto (componentes) se convierte en un factor fundamental para lograr su éxito.
El uso de la obsolescencia planificada (obsolescencia programada) no es fácil de determinar. Eso se debe a que es muy difícil entrever factores relacionados como la competencia tecnológica o la sobrecarga de funciones. Su objetivo es claro y conciso, el lucro económico inmediato, lo que implica que aspectos como el cuidado y el respeto por la naturaleza pasen a un segundo plano de prioridades, ya que los desechos (productos obsoletos o parte de ellos) se convierten en contaminación. Por si fuera poco, la obsolescencia planificada (obsolescencia programada) también existe por modas (aquella que vuelve obsoleto un bien de consumo porque no parece ir a la moda o no se encuentra actualizado), lo que acentúa aún más la problemática medioambiental.
Con datos de www.medioambiente.blogspot.com

